(El Mercurio de Calama) Seis regiones del país, desde Atacama al Maule, fueron declaradas por el gobierno como zonas de escasez hídrica y desde el Ministerio de Obras Públicas, aseguran que se trata de la sequía más grande desde el año 1968.

La emergencia requiere de forma urgente incorporar nuevas fuentes de agua, situación que es compleja en las zonas donde las napas subterráneas están en punto crítico y las lluvias pasaron a ser infrecuentes.

En este escenario, expertos argumentan que las plantas desaladoras de agua deben ser proyectadas como una solución lógica y sustentable.

Y la región aparece como un ejemplo de ello con la operación de Aguas Antofagasta. Actualmente, el 90% del agua potable que se consume en la ciudad es producida con agua de mar desalada. En Mejillones esta cifra llega al 100%, lo mismo que ocurrirá en Tocopilla el primer trimestre del próximo año.

Cristián Wedeles es el gerente comercial en Chile de IDE Technologies, empresa que a nivel mundial entrega tres millones de metros cúbicos diarios de agua. Se trata de una firma israelí especialista en el desarrollo, la ingeniería, construcción y operación de algunas de las plantas más grandes de desalación térmica y por membranas y de tratamiento de agua industrial.

Proyección

«Es innegable el aporte que realizan en la actualidad las plantas desaladoras y resulta lógico proyectarlas como una solución confiable, sostenible y cada vez con costos más competitivos», explica Wedeles.

La tecnología de osmosis inversa, añadió, ha probado sus beneficios y confiabilidad, por lo que cabe tomar medidas pronto para dar seguridad en el tiempo al suministro de agua potable, pero también para entregar herramientas a la industria y agricultura para seguir desarrollando sus actividades.

El problema en el país es de tal magnitud que esta semana se convocaron a mesas de trabajo a nivel de ministerios e intendencias, para enfrentar la crisis que golpea el sector agrícola y amenaza el recurso para el consumo humano en las próximas temporadas.

Wedeles sostuvo que es interesante mirar el caso israelí, donde tienen 65 años de experiencia. En ese país, la combinación de desalinización de agua de mar para incorporar nuevas fuentes de agua y la reutilización previo tratamiento de los líquidos residuales, genera un escenario eficiente y sustentable para la población, la industria y la agricultura.

«La tecnología más adecuada para la desalación de agua de mar en este tipo de aplicaciones es la osmosis inversa y su costo varía según el tamaño de cada planta, su ubicación y el requerimiento (…) Podemos estimar un plazo de cinco años en el desarrollo de un proyecto, por lo que se requiere tomar las decisiones a la brevedad para dar una respuesta sostenible al actual escenario», advirtió el ejecutivo.

José Antonio Ramírez es el gerente general de la consultora CKC, que asesora proyectos de infraestructura y que elaboró un estudio sobre concesiones de desaladoras de agua.

Capacidad

«Es el mejor modelo, en el país hay una experiencia de más de 25 años de concesiones públicas, lo que da seguridad jurídica para los inversionistas extranjeros», apuntó el también académico de la Pontificia Universidad Católica.

Respecto de la capacidad de estas plantas, indicó que existen desaladoras desde 500 hasta 2.500 lts/seg. Para efectos de estimación, una planta de 500 lts/seg podría abastecer a unos 210.000 habitantes con agua potable.

CKC es parte del primer proyecto de concesión de obra pública multipropósito de desalinización para entregar agua para consumo humano , minería , agricultura e industria, en la Región de Coquimbo.

«Las regiones con decretos de escasez hídrica pueden apoyarse para suplir el déficit en sistemas de desalación, ya que podrían tener más de una planta», dijo.

Ramírez puntualiza que pensando en los próximos 50 años, los sistemas de desalación han bajado sus costos, tanto en tecnología, como en energía, que es lo más caro.

Enfatiza que las desaladoras son una solución sustentable y sostenible en el tiempo, que para las regiones con escasez hídrica, esto plantearía una inversión inicial de 200 millones de dólares por cada región con decreto de escasez.

A esto hay que sumar la operación y distribución del producto, algo que en palabras del ejecutivo, la única manera de concretarlo es a través de alianzas público privadas.

Ramírez indica que en los últimos años el Estado ha invertido cerca de mil millones de dólares en políticas de embalses, cuyo desarrollo completo puede alcanzar hasta los 25 años.

Esa política está muy bien, agregó, pero primero hay que estar seguros que podemos llenar esos embalses. Por ello, la desalación es una posibilidad fuerte, desde el inicio de los estudios hasta su operación, se necesitan cinco años.

«El único sistema que permite cumplir con estos plazos es la concesión pública de obra pública multipropósito», dijo el ejecutivo.

El multipropósito involucra la producción para el consumo humano, la industria, la agricultura.

Desde Aguas Antofagasta declararon durante la semana que si actualmente no tuvieran el sistema de desalación, no podrían cubrir la demanda de agua potable que tienen en las ocho comunas de la región en las que trabajan.

José Antonio Ramírez explica que la situación de Antofagasta ya se está repitiendo en otras zonas del país, por lo que las zonas decretadas con escasez hídrica deberían ser prioridades para la concesión pública de plantas de desalación.

«Hay que iniciar este proceso de manera urgente, para que en cinco años más tengamos una cantidad de litros por segundo proyectado al mínimo para cubrir la brecha para todas las regiones con escasez», precisó.

El académico concluyó asegurando que la sequía ya no es una situación de excepcionalidad, ahora es un evento común y que nadie puede asegurar el agua para consumo humano en los próximos cinco años.